lunes, 28 de julio de 2008

Demasiado pueblo para tan poco gobierno

Es claro que el empecinamiento apalancado en millones de dólares para la privatización del petróleo mexicano se estrelló con una muralla civil que jamás imaginaron los señores del dinero.
Lo único que logró Calderón con las ilimitadas inversiones mediáticas para promover su oprobiosa reforma energética, fue poner en acción a la ciudadanía y a los líderes sociales que no dejaron escapar la ocasión para posicionarse y de paso recordarle al gobierno que existe una fuerza que va a luchar hasta las últimas consecuencias para evitar que el patrimonio de la nación se fugue al extranjero.
Andrés Manuel López Obrador ha sido el más visible de ellos porque su sagacidad política le advierte con toda la premura necesaria dónde están las tuercas flojas del sistema y las señala antes que nadie.
Así nos dimos cuenta de la confabulación de Calderón y su secretario de gobierno para que éste último continúe enriqueciendo el patrimonio familiar a costa del tráfico de influencias del que les ha permitido disfrutar el sistema de impunidad que controlan.
En noviembre se llevará a cabo la elección presidencial en Estados Unidos y al clan de los Bush le urge finiquitar algunos asuntos con los mexicanos que ayudó a estar en el poder, como lo hiciera antes con los antecesores. Gobernar México desde Washington y sobre todo desde Wal Street, ha resultado cómodo gracias a la prestancia de los presidentes mexicanos que se han puesto a las órdenes de sus homólogos vecinos. Por ser traidores al proyecto nacional independiente y revolucionario.
La entrega del petróleo es condición pactada por Calderón y su grupo. Ahora están atrapados entre su obligación de cumplir a quienes le mueven y ordenan o enfrentarse a una sociedad cada día mejor organizada, preparada y dispuesta a todo con tal de hacer que el petróleo permanezca constitucionalmente como se encuentra, es decir, siendo un bien de la nación, aunque éste no sea extraído, administrado e industrializado adecuadamente.
¿A quién le va a fallar? Si se enfrenta a las trasnacionales interesadas en la riqueza petrolera mexicana, al mismo tiempo que al gobierno estadounidense y al siniestro clan del presidente acaparador de yacimientos a nivel mundial, quien sabe cómo acabe su gobierno, si es que llegara a tanto. Probablemente no le perdonarían su debilidad y se desharían de él, abandonándolo a su suerte o de plano borrándolo del mapa político, si bien le va. Una venganza del tío Sam no sería para nada con buenos modales.
Por ello, la mayoría piensa que Calderón aprovechará la codicia de los integrantes del congreso que le han dado buenas señales, para llegar a un entendimiento con sumas de dinero apabullantes. Le fallará al pueblo. No tomará en cuenta absolutamente nada del gran esfuerzo ciudadano por democratizar la decisión sobre el futuro de Pemex.
Eligió enfrentar a los ciudadanos enardecidos sabiendo que el gobierno norteamericano le ofreció su apoyo tecnológico- logístico y militar, para cualquier disturbio que salga del control de los cuerpos policíacos y el ejército. Le Ayudarán los buenos vecinos a establecer la paz y el orden civil y no faltarán los agradecidos que saldrán a las calles a manifestar su júbilo ante la causa justa. Tal como sucediera en Panamá en diciembre de mil novecientos ochenta y seis. La misma receta latinoamericana para continuar el saqueo y la marcha de los negocios. Miles de muertos y el arresto del presidente para confinarlo en una prisión acusado de cuanto delito les cruzó por la mente.
Se trata de lecciones que han sufrido nuestros pueblos por albergar riqueza en sus tierras y océanos.
Nos acercamos a ese desenlace a paso acelerado. Estados Unidos ha invadido y arrebatado, porque así es su política internacional y nadie lo frena, si no es con actitudes heroicas como las que tiene el pueblo cubano, hasta hoy la única nación que desafía el poderío de estos habitantes del planeta tan obstinados en meterlo en su contabilidad.
Felipe Calderón, fiel devoto de la ideología reaccionaria de corte ultraconservador, prefiere ver mexicanos muertos que enfrentar diplomáticamente a los intereses trasnacionales. Es aliado del capital porque así le adoctrinaron junto a miles de legionarios que piensan que vivir del trabajo de los demás es un don que alguien les concedió. Representa un gobierno repudiado por la mayoría de ciudadanos que lo vieron abrirse paso al poder sin escrúpulos de ninguna naturaleza.
Afortunadamente se levantó un clamor popular inteligente y firme, para evitar que se privatice el petróleo.
La tendencia mundial es que las naciones dueñas de petróleo lo nacionalicen en caso de estar en manos de particulares y aquí se pretende hacer lo contrario. Eso, junto con la agudización de la pobreza y el atraso tecnológico y cultural, se lo debemos a los políticos que se han mostrado serviles y convenencieros ante la dinámica del neoliberalismo. El nulo patriotismo que han mostrado nos tiene aún más hipotecados en el extranjero. Qué poco gobierno para un pueblo tan grande. Ojala éste acabe de despertar para que se lo sacuda.

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