jueves, 2 de octubre de 2008

¿Cómo librarse de los gobernantes?

Los que hablan de soluciones en México en realidad son el problema. El gobierno anuncia hasta la saturación mediática –es lo único que ha hecho hasta ahora, aparte de poner al país al borde del descontrol total- que pretende abatir la inseguridad y la delincuencia, cuando son precisamente los constantes yerros oficiales los mayores responsables del pésimo clima social que padecemos.

Los llamados cuerpos de seguridad nacieron o se convirtieron en semillero de criminales que forman sus propias bandas o surten a otras. Se trata de desertores e inclusive elementos en activo, que se introducen a los engranajes de la maquinaria del crimen organizado.

La legalidad no es algo que pueda presumir el gobierno, al contrario; los representantes entran o salen de los cargos en medio de señalamientos y denuncias a causa de la falta de probidad con la que llevan a cabo las tareas de Estado. Nada sucede después; son intocables, inmunes a la justicia. Fox es un millonario más, junto con su familia, gracias a seis años que le permitieron acumular la ilegal fortuna que poseen.

Se nos ha hecho costumbre como ciudadanos despotricar y discutir -hasta que se nos pasa la adrenalina- acerca de todo este gran circo de pesadilla que es el aparato federal, constituido en una agencia de las trasnacionales, que no en gobierno de una república democrática.

Pagamos el alto precio de políticas económicas que impusieron de tiempo atrás los organismos financieros de Wall Street, favorecidos por la ambición, el mesianismo, y el egocentrismo, entre otros defectos de los sucesivos presidentes hipotecarios que por desgracia gobernaron el país: desde los represores asesinos Díaz Ordaz y Luis Echeverría, hasta el espurio Felipe Calderón.

Los mexicanos no tenemos ningún presidente como ejemplo de algo positivo. Qué triste, pero al mismo tiempo qué significativo es este punto.
Esto quiere decir que los gobernantes han cavado una profunda zanja que los aleja de la sociedad y no sólo ello: han logrado ser enemigos del pueblo que dominan desde el otro lado del abismo protector, donde no les alcanza a tocar absolutamente nada de lo que les arrojan los ciudadanos repetidas veces burlados.

El sistema político mexicano está en crisis permanente desde la segunda mitad del siglo veinte, que es lo que recuerdo: lo estuvo en el 68, con la represión y masacre de civiles, después, en el 71 tuvimos la llamada “Guerra Sucia”, que en realidad fue una cacería emprendida contra grupos subversivos o personas que se rebelaron contra el gobierno; en el 82 tuvo lugar la primera gran devaluación del peso; en 86 se desató la crisis inflacionaria; en 1988 Salinas se robó la elección presidencial con una estrepitosa “caída del sistema”; en mayo de 1993 asesinaron al Cardenal Posadas, por supuesto se vincula el crimen con el gobierno de ese momento; al año siguiente, el 24 de marzo del 94, el sistema se deshace de Colosio, matándolo durante el mitin en Tijuana; enseguida llega Zedillo para continuar con el remate de empresas del Estado, comenzando su administración con la difícil crisis económica de diciembre del 95; el lamentable “error de diciembre”, que empobreció aún más a la mayoría de los mexicanos.

Este mismo personaje se alegró de entregar la presidencia al autollamado gobierno del cambio, que finalmente acabó de hundir al país en la peor crisis de su historia contemporánea.

El PAN recrudeció y agravó la situación para la mayoría que son golpeados todos los días con los aumentos de los insumos para sobrevivir, deshaciendo aún más los bajísimos salarios que sostienen en bloque los empresarios apoyados por el gobierno que contrataron.

Nada ha variado en absoluto conforme a lo que Marx observó desde la primera mitad del siglo XIX: La riqueza que poseen pocos sujetos, descansa sobre la pobreza o la miseria de muchos.

El reacomodo del capital especulativo que sufre el pueblo norteamericano que ve esfumarse sus ahorros, junto con los ilusos o tramposos mexicanos que se llevaron dinero de los pensionados para jugarlo en la bolsa de valores, es un fenómeno que puede ser más agudo que la famosa depresión del 29.

Por lo pronto ya comenzaron los primeros impactos de esta crisis en nuestro país. El secretario de hacienda habla de una caída en el corto plazo de dos mil quinientos millones de dólares en remesas. Para agravar las cosas, el precio internacional de referencia del petróleo disminuyó en los últimos tres meses de 140 a 103 dólares por barril.

Se prevé que en México cierren alrededor de dos millones de pequeñas empresas o giros comerciales durante 2009, cuando la economía de plano se estanque. Por tanto la pregunta obligada es en el sentido de qué si está o no preparado el país para hacer frente a la tormenta del norte, que seguramente nos aventará rayos, centellas y granizo en demasía.

¿Qué hace el gobierno de Felipe Calderón? Cuestionado desde antes de comenzar su mandato debido a la serie de trampas con las que operaba su equipo, con todo y el nefasto presidente de ese entonces, el ilícitamente enriquecido Vicente Fox, Calderón enfrentó el repudio de millones de ciudadanos que hasta la fecha han mantenido la cohesión y la civilidad para expresar el rechazo a esta conducción del país, por considerarla errónea y peligrosa, como lo ha demostrado el tiempo con hechos.

Lo que hace este señor es elevar el presupuesto en reforzamiento y equipamiento de la fuerza pública, lo cual genera inquietudes que ya se han señalado cuando las firmas del llamado Plan Mérida y otros acuerdos que contemplan la militarización de la zona por parte de los ejércitos y cuerpos armados de los países participantes.

En síntesis, el capitalismo no va a acabar con el narcotráfico sencillamente porque le conviene que prevalezca. Es el pretexto idóneo para generar la crisis del miedo y después la justificación para invertir en armamento, la gran industria que tanto aporta para conservar los niveles de vida de trescientos millones de estadounidenses.

Los gobiernos más bien procuran controlar la producción y el tráfico de drogas, armas e insumos, que demandan los laboratorios que opera la mafia.

El sistema capitalista con matriz neoliberal mantiene una cadena productiva internacional que se puede entender de la siguiente manera: cultivo o producción de todo tipo drogas- tráfico o traslado- venta- consumo y combate a todo ello en sus distintos niveles. Cierran de esta manera el círculo del negocio.

Todo ello con el importantísimo fomento desde los medios de comunicación, quienes con todo descaro promueven la cultura del consumo de la droga a través de personajes que para mostrarse en la onda se presumen de pachecos.

Desde guiones cinematográficos o televisivos, hasta letras de canciones, abiertamente aluden, como si fuese parte de la inocente cotidianidad, a la cultura del consumo que nos involucra a la mayoría aunque sea con el café. (Recuerdo una letra de una canción de Joaquín Sabina que dice así: “Nos sirvió para el último gramo, el cristal de su foto de bodas”…)

Una sociedad consumidora de todo lo que le anuncien y vendan es lo que requiere el sistema para preservarse.
En este gran supermercado, la droga, gracias a la prohibición y satanización mediatizada con recursos del Estado, se encarece o más bien la hacen escasear y subir de precio los propios gobiernos revueltos con la mafia.

Dejan que la demanda siempre vaya muy detrás de la oferta y con ello consuman el gran negocio de la producción, trasiego y finalmente el dizque combate de lo ilícito ¿dónde va el capital? ¿Dónde está la gente para decir que ya no pueden engañar con sus millones de spots y montones de papeles que firman? ¿Cómo librarse de ellos y sus mentiras que les ayudan a ser más poderosos y ricos? ¿Sigue dormido el pueblo?

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