domingo, 8 de junio de 2008

Campeche:una puerta cultural de América

La facultad de Ciencias de la Comunicación del Instituto Campechano organizó su primer congreso internacional de comunicación “Vanguardia Comunicativa. Porque la comunicación no se detiene”.
Concurrido, cordial, basto en contenidos, alternativo. Así pudiera definir el evento del cual me perdí el desenlace por tener que regresar a cumplir con las tareas cotidianas. No me fue posible estar en las últimas dos conferencias y la clausura que sin duda debió ser emotiva con los visitantes y sus cálidos anfitriones.
Un edificio sobrio y de enormes proporciones, (una manzana completa) construido en el siglo XVIII para la Compañía de Jesús, es la sede de esta institución que intensifica sus actividades culturales y académicas con nuevos enfoques y vínculos. Se encuentra enclavado dentro de la parte de la ciudad que antiguamente quedó encerrada entre grandes muros, próximo a la puerta del mar.
Murallas, baluartes, fortalezas y las baterías, constituyen la parte sobresaliente del escenario urbano de la ciudad de Campeche.
Nacida y desarrollada a la defensiva, a lo largo de tres siglos la villa fue sitiada, ocupada y finalmente saqueada en más de veinte ocasiones por los piratas que merodeaban el Caribe.
Morgan, Drake, Laurent G. o Lorencillo, son algunos nombres asociados al terror que robó la tranquilidad de los vecinos campechanos, hasta que lograron éstos circundar la ciudad con enormes muros de sobria arquitectura militar. La obra sin duda requirió ejércitos de trabajadores y cuantiosas fortunas para subvencionar los gastos. Inclusive se recibieron apoyos desde Mérida y otras provincias.
A partir de que se concluyeron las fortalezas, la ciudad no volvió a ser atacada por los piratas y filibusteros, de manera que los cañones tuvieron que esperar a otras circunstancias para que fueran disparados, lo cual tuvo lugar cuando la Guerra de Castas que aconteció durante el régimen de Porfirio Díaz.
Campeche es un punto de partida de la historia de México, justamente donde concluye un ciclo más, el último de las exquisitas culturas de la Península de Yucatán, el Mayab aún desconocido que nos revela cada día más de la manera como vivió una humanidad distante en el tiempo y a la vez presente en la cultura de quienes habitan la región.
Cientos de ciudades ocultas bajo los mantos vegetales, guardan dormidas los secretos de su cotidianeidad. El carisma y la belleza de los mayas radica en la sabiduría con la que habitaron su espacio y su tiempo, a los que colmaron de creatividad estética, ciencia y cultura.
Lo que se ha logrado revelar nos tiene pasmados de asombro. No tan sólo se figuraron el universo y se dieron tiempo de conocer sus dinámicas para ayudarse de la mecánica de los astros, sino que además descifraron la relación cósmica entre ese exterior y el impulso vital de cada criatura terrestre.
Sin embargo, pese a tanto sentido que habían producido o quizá a consecuencia de ello, los pueblos mayas peleaban constantemente entre sí. Se disputaban el territorio donde se ejercía la agricultura al igual que los sitios y rutas del comercio. La demografía significó los desequilibrios y la supervivencia de las dinastías dependió de la superioridad y fuerza. Ganaron, de acuerdo a las crónicas recuperadas, los más capaces para adaptarse a los conflictos y condiciones extremas como la guerra.
La llegada de los europeos los halló agotados. Guerrearon tanto y se multiplicaron a tal extremo que la carestía aunada a prolongadas sequías y plagas, diezmó las poblaciones. El ocaso sin embrago no fue súbito. Transcurrieron siglos desde que los señores cuyos esqueletos descansan bajo pirámides o montículos mortuorios, gobernaran junto con sus familias y sacerdotes a las multitudes, hasta los días en que la selva ocultó los últimos vestigios de la civilización peninsular del sureste mexicano. Paulatinamente disminuyó la organización y el poderío, ante la escases de alimentos, las incursiones punitivas, así como el asedio de otras tribus de inferior condición cultural y social.
Al comenzar el siglo XVI, hicieron contacto con los europeos de la expediciones de Grijalva y Hernández de Córdoba, esto fue hacia 1512, y unos años más tarde, en 1519, tocó su turno a Hernán Cortés, quien influyó decisivamente en el giro que habría de tomar la historia, este sí de manera vertiginosa y cruenta.
A unos cuarenta y cinco kilómetros de San Francisco de Campeche, se encuentra Champotón, el lugar que los españoles llamaron “Bahía de la mala pelea”, debido a que los habitantes de los pueblos costeños atacaron a los marinos y soldados que trataban de abastecerse de víveres y hacer algún “rescate” de oro con los que se atrevieran a realizar el trueque a cambio de cuentas de vidrio u otros objetos de su interés.
De los de Hernán Cortés quedaron muertos o capturados para los sacrificios, ochenta hombres y el propio capitán estuvo a punto de ser llevado en vilo ante los altares mayas, sino lo hubiera impedido valientemente Gonzalo de Sandoval, a quien el extremeño le deberá meses después nuevamente la salvación de la vida; en aquella ocasión sería en las escalinatas del Templo Mayor de Tenochtitlán.
Por esos días veraniegos y otoñales de 1519, se supo de la presencia de dos europeos que vivían entre los mayas.
Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero sobrevivieron a un naufragio y posteriormente al rechazo de los nativos de alguna población que estuvo inconforme con el arribo de extraños.
Aguilar había hecho votos y quizá por alguna intuición ante sus hábitos y cierta conducta que incluía el abstencionismo carnal, las autoridades de la tribu le perdonaron la vida al igual que a Gonzalo, de quien dice la tradición fuera defendido, gracias a su bravura al pelear, por la hija de un cacique a quien además pidiera esponsales con el hombre advenedizo. De tal suerte que al ser contactado y convocado por Cortés para ir a su presencia, éste se disculpó dando como explicación su situación de esposo y padre de familia de "unos hijos bonicos...E porque les quero mucho, y por ello lamento de no poder regresar con vos y volverme a Castilla”.
Es muy probable que se tratara de los primeros mestizos del continente y tal vez también pensó Guerrero en el destino que tendrían las ciudades de este mundo ante el arribo de los de su misma raza. Es comprensible que tratara de ayudar a los familiares de su mujer y al resto de la tribu, a sobrevivir la invasión de los “teules “, de manera que organizó la emboscada que se recuerda en aquella playa de Champotón.
Las riquezas naturales como el Palo de Tinte o Palo de Campeche, cera, miel, azúcar, telas, artesanía y otros productos de la zona, junto con los ultramarinos, crearon un comercio importante no exento de exportación e importación. De ahí que la aduana tuviera gran movimiento. Por cierto que uno de los empleados de esta dependencia gubernamental fue el padre de José Vasconcelos, quien plasmó sus primeros años en esta ciudad en su Ulises Criollo. Con nostalgia narra el maestro las lecciones escolares y las horas que pasaba con su madre, quien le inducía a leer más e instruirse con obras selectas que ella misma escogía.
En uno de los patios que dan al claustro se levanta una estatua del prócer fundador de la Universidad Nacional Autónoma y Secretario de Educación Pública en el gobierno de Álvaro Obregón.
José Vasconcelos lanzó su candidatura a la presidencia y fue derrotado por un aparato totalmente opuesto a los principios éticos y democráticos que enarbolaba. Padeció la cerrazón y crueldad de quienes se aferran al poder a cualquier costo con el único afán de preservarse para el enriquecimiento y todo tipo de beneficio personal.
Educador, filósofo, político, su personalidad polifacética no estuvo exenta de episodios que significaron verdaderos escándalos en la época, como su amor infiel con Antonieta Rivas Mercado, la dama que se suicidara en la Catedral de Notredame en París.
En este puerto del Golfo de México vivió años de infancia que le marcaron para siempre. Campeche y su mar inspiraron su lúcido pensamiento que fructificó como un árbol de sabiduría.
Flota en el aire campechano el arte y la cultura en diferentes manifestaciones. Las academias y escuelas son medulares, como este Instituto Campechano que parece ser manejado por sus estudiantes a quienes se les transmite la libertad para llevar a cabo sus actividades académicas y de vinculación para su formación profesional.
El Congreso Internacional que tuvo asistentes de países como Cuba, Alemania, Venezuela, Ecuador y desde luego México, nos dejó un sabor delicioso en la boca y en el corazón.
Los jóvenes que apoyaron la organización realizaron un trabajo estupendo y su participación académica nos deja claro que tienen interés verdadero, ya que no tan sólo conocen bastante de lo que representa teóricamente este campo científico de las ciencias sociales, sino que llevan a la práctica sus habilidades en programas de radio y televisión, donde fui como invitado. Enhorabuena por el entusiasmo y la capacidad de hacer este tipo de comunicación tan necesaria en México. Felicitaciones también por organizar un encuentro donde la riqueza de la comunicación nos hizo reflexionar y aprender que nuestro campo ofrece una salida.
Invito desde este blog a los estudiantes campechanos de este instituto que fue nuestro anfitrión junto con ellos, a que hagan una recuperación de su historia, que es un contrapeso indispensable ante la opresión externa que transforma y trastoca a los pueblos y sus culturas. En Campeche se está en México más que en otras regiones y eso es algo invaluable.
Además, en esta región del suroeste se juegan intereses estadounidenses y españoles que tienen a la sociedad mexicana acosada por empresas que a toda costa pretenden adueñarse del petróleo. En el suelo donde se hallan los jóvenes que vi en el congreso, se entrecruzan las trasnacionales que invisiblemente operan para explotar el recurso.
La plácida ciudad no refleja el conflicto de la posesión, especulación y uso de la energía.
Espero y deseo que los jóvenes comunicadores campechanos se interesen por establecer lazos con el exterior para que se ayuden a tener distintas perspectivas de la realidad social que les impacta y en la cual tiene lugar su desarrollo intelectual.
Quisiera verlos en congresos que les permitan convivir con sus pares de otras latitudes donde aparte de transmitir sus ideas sobre las cosas que se dan en el sureste y en el país, reciban información acerca de otros modelos o formas de captar los fenómenos comunicativos.
Gracias por este congreso que me permitió visitar esta ciudad maravillosa de Campeche.

1 comentario:

Miguel Ángel dijo...

Hola Carlos, es un gusto saludarte de nuevo, a través de tu blog. Que gusto que hayas disfrutado de este congreso, tanto como yo y, más gusto me dio la libertad que se tuvo para exponer diversidad de perspectivas; sin duda una conquista de años de esfuerzos estudiantiles por alcanzar esta apertura democrática. Para los organizadores mis respetos y felicitaciones.
Y bueno, leer tu artículo fue recordar el café caliente entrando por mi garganta en "Las puertas" o la espumosa cerveza en "La tasca" mientras charlábamos y donde 4 personas hicimos una promesa y compromiso que espero se cumpla.
Para cerrar este mensaje, te dejo mi correo y espero me añadas y continuamos planéando cómo cambar al mundo, sin olvidar que ésto no se puede quedar en magnos congresos como izquierdistas patufleros, sino en acciones concretas y organización, organización y más organización popular. Las calles y campos tienen mayores posibilidades que los sillones.
Un abrazo fraterno
Atte.
Miguel
correo: miguelvalladaresh@hotmail.com
PD Tengo algunos correos que compartirte, información urgente que espero puedas difundir y ayudes a romper el cerco informativo de los medios comerciales. Entre ellos una agresión a medios comunitarios en Monterrey.