jueves, 4 de marzo de 2010

"Religión o barbarie"

¿Cuántos pederastas encubre la Iglesia católica?

Ahora que el caso del enfermo mental y delincuente Marcial Maciel, férreamente encubierto y defendido por el inefable obispo mexicano Norberto Rivera, vuelve a los titulares de la prensa, debido a nuevas denuncias de parte de sus hijos adoptivos mexicanos que lo acusan por los mismos delitos de abuso sexual, cabe la pregunta: ¿cuántos abusadores de niños, niñas y mujeres, se refugian en los recovecos de esta institución del Medievo? La costumbre de tapar sus faltas incentiva para que sus miembros sigan impunemente agrediendo las conciencias e integridad de inocentes y así mismo a la ley. Acostumbrados por siglos a vivir de los demás, los curas y clérigos de distinta jerarquía, han sido un lastre histórico, no solamente para el desarrollo intelectual y cultural de los pueblos, (con escasas excepciones) significan también una carga económica al saquear a las naciones, algunas de ellas pobladas con casi 50 por ciento de pobres, como México, llevándose fortunas hacia las arcas vaticanas.
Ojala que la iglesia y las religiones solamente fueran el opio de los pueblos, de acuerdo a la famosa opinión marxista, son mucho peor que eso. Constituyen verdaderas mafias que encubren y protegen delincuentes como Maciel o los hermanos Arellano Félix. Recuérdese el caso de Girolamo Prigione, aquél nuncio apostólico que “confesó” y no negó haberlo hecho, al narcotraficante miembro de esta familia. Más que pecados de por medio seguramente había mucho dinero.
Que el clero gobierna a los políticos que a su vez gobiernan la nación mexicana es algo conocido. El partido integracionista Acción Nacional, (PAN) es un brazo político de la ultra derecha incrustada en el catolicismo y en el gobierno. Con más fuerza que nunca antes en la historia de este país, asociaciones como el Yunque, Los legionarios de Cristo, el Opus dei, entre otras cofradías, han tomado el poder, manifestándose contra la constitución política del Estado laico mexicano. Mueven dispositivos como los medios de comunicación, principalmente Televisa, para guiar los rebaños que les mantienen millonarios, con un elevado costo en retrazo político, histórico y cultural. Proliferan las escuelas operadas por religiosos en tanto que las instituciones educativas de carácter público, tienen que luchar denodadamente por los recursos económicos que les escamotean los políticos instalados por el clero o los grupos afines, como los que militan en el PAN.
Quebrantar la ley, retrasar la historia, encubrir faltas de lesa humanidad, expoliar a los humildes con el diezmo, inculcar ideas anti democráticas, saquear el erario con limosnas millonarias, satanizar políticas de Estado, entre otras anomalías, forman parte de un encadenamiento secuencial de acciones soterradas o abiertas, que incrementan las asimetrías que aceleran el caos social en que se haya sumergido México. Lo mismo sucede en otros pueblos que llevan en sus espaldas el peso de la iglesia desde que arribaron a las costas de lo que sería llamado América, los primeros españoles en el sigo XVI. Los frailes traídos por Hernán Cortéz y sus huestes en el caso de México, fueron los primeros en bendecir las matanzas de indígenas que no se sometieron en calidad de esclavos. Quinientos años después y a punto de celebrar absurdamente un bicentenario de “independencia”, la Iglesia Católica se erige como una fuerza capaz de dirigir el destino de las naciones fundadas en lo que en aquél entonces fue llamado el “Nuevo Mundo”.
Es conveniente y necesario para emitir estas opiniones que buscan la reflexión colectiva, decir que efectivamente existe entre el tejido religioso, gente de buenos principios y conciencia elevada. Aquellos que, gracias a una legítima vocación de servicio, se entregan a tareas que benefician en distintos rubros a sus semejantes. Reconozco a quienes motivados por amor al prójimo o por un alto sentido del deber, se vuelven muchas veces indispensables en la comunidad. Hay gente noble y elevada que lleva hábitos, sin duda, y seguramente muchos de ellos se han de sentir avergonzados de quienes mancillan los preceptos de una doctrina o filosofía cuyos principios son ejemplo de humanismo, de grandes valores, entre ellos el don invaluable de ver por los más desprotegidos. A ellos, sea cual fuere su confesión, no van dirigidas estas palabras, pues no caben sus obras en estos términos que en cambio sí aplican para un número considerable de individuos que se abrigan en la fe para cometer sus tropelías.
No se trata de señalar de manera generalizada, pues sería un despropósito grave, sino de advertir que la descomposición de las instituciones y de la sociedad alcanza al clero y éste tiene que responder.
Vimos a un papa (Juan Pablo II) bendecir y favorecer a uno de los sujetos más repudiables y abominables de la actualidad, lo cual significa que esta especie de trasnacional con licencia para entrar hasta las recámaras de los hogares del mundo, ha de ser pasada por un escrutinio o algún tamiz de orden constitucional o social, para que ya no se pase de los límites que deben trazársele. Es imprescindible que los Estados no confesionales, como el mexicano, fortalezcan su estatus laico.
El hecho de que la gente elija libremente si adopta determinada fe o renuncie a cualquiera de ellas, es un factor de progreso inaplazable. En mi opinión, no debieran existir ya las religiones, pues quedaron en la historia suficientes páginas sangrientas y dolorosas, por esta causa propia de condiciones humanas revestidas de ignorancia y terror. Finalmente a quienes se considera como seres humanos bondadosos y solidarios, se les pueden ofrecer todas las garantías estamentales o sociales para que vuelquen en los demás ese espíritu, sin que necesariamente pertenezcan a tal o cual grupo religioso. Hombres y mujeres con alma grandiosa han existido y espero existan siempre, sin que se vean afectados por las sombras tenebrosas de los lobos vestidos de corderos, que evidentemente abundan y se vuelve difícil identificarlos y separarlos, como la paja del trigo, para que ya no siembren infamias.
Como dice la letra de la bellísima canción de John Lennon: imagina un mundo sin cielo, sin infierno, sin religiones, imagina a toda la gente viviendo para el día de hoy. Es posible que así el mundo sea mejor.