lunes, 19 de marzo de 2012

México se desgarra entre el TLC y el Vaticano, mientras lo arrulla Televisa.

Dos acontecimientos recientes no dejan lugar a dudas de la aguda dependencia de los agentes externos que definen a México: el consenso de Washington y el Vaticano.

El vicepresidente de EU pasó revista hace días a los candidatos a la presidencia de México, evidentemente para tener un cálculo sobre el cual diseñar y operar la política que aplicarán cuando se elija alguno de ellos: el que mejores garantías ofrezca para que el tutelaje político y económico continúe, sin causar mayores dolores de cabeza, es el que van a apoyar.

¿Por qué México ha de permanecer sujeto a lo que señalen o “sugieran” coactivamente, los sucesivos gobiernos del norte? La respuesta que podemos imaginar es que así lo ha determinado la historia, o mejor dicho, quienes formaron parte de ella en los distintos momentos en que individuos, de ambos países, fueron los artífices de la relación bilateral, con resultados que dejaron enormes asimetrías a la vista, dado que las sociedades de ascendencia novohispana mestiza, estuvieron siempre, por sus propios errores o debido también a la veleidad y astucia de los vecinos norteños, en condiciones de inferioridad prácticamente en todos los aspectos socioculturales y, sobre todo en lo económico. Nunca ha sido equiparable el nivel sociocultural y el poder financiero de ambas naciones. La nuestra tiende más al estado de pobreza crónica, a la desorganización, y por ello a generar grandes desigualdades, en tanto que los que se definen como americanos demostraron con las armas, el dinero y una sed de progreso que se volvió insaciable, la supremacía de su nación sobre el mundo entero.

Se padece aquí un histórico rezago en prácticamente todos los órdenes de la cultura y de la sociedad, por lo que toda esa superioridad demográfica, tecnológica, militar y hasta cultural, que ostentan los estadounidenses, ha impuesto de ordinario su visión del mundo y que se haga su voluntad en este lado de la frontera, sin que haya algún impulso de soberanía capaz de enfrentar este nuevo coloniaje, aún en el tiempo pos moderno. Por su parte, la sociedad mexicana se ha imaginado a sí misma continuamente siguiendo la pauta que se le marca desde el “cerebro” de la región, al tiempo que vive negada de su pasado, circunstancia que analizaron o narraron en su obra varios preclaros filósofos, escritores y pensadores como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Daniel Cosío Villegas o el norteamericano Alang Riding en el libro cuyo título es al mismo tiempo una advertencia: "Vecinos distantes".

No se han trasladado del todo hacia el futuro los imaginarios desde la época virreinal, circunstancia reflejada en las tradiciones y demás actividades que marcan culturalmente la vida de nuestras comunidades, por más heterogéneas que se muestren. Todavía existe una resistencia importante a los cambios culturales que impulsaron los medios, como el cine o la televisión extranjeros, junto con otras dinámicas del intercambio global, al igual que las nuevas tecnologías de la comunicación y la información.

Por su parte, la visita de Benedicto XVI conlleva una agenda de aspectos políticos encaminados a la apertura de espacios para el catolicismo en la comunidad mexicana. Esto significa conseguir facilidades para contar con licencias que permitan la operación de medios de comunicación de señal abierta y que además se incluya la enseñanza de religión católica en las escuelas públicas. Temas sumamente sensibles que requieren debates serios y sobre todo, mayor fluidez de información confiable.

El Vaticano tiene en México una de sus más eficientes fuentes de financiamiento, lo cual incluye una lista que no se conoce públicamente de bienes de toda índole, que van desde factorías hasta cadenas de supermercados, desarrollos, rentas de inmuebles, entre otros. Igualmente se han enturbiado las actividades de esta institución con la escalada del capital que deriva del narcotráfico, pesando la sospecha de que la iglesia igualmente se ayuda de estos dineros. Cuando aconteció el asesinato del Cardenal Posadas Ocampo se generó opinión pública en este respecto, después de la entrevista del nuncio apostólico Prigione con el capo del cártel de Sinaloa, Ramón Arellano Félix. La explicación que dio el clérigo como motivo del encuentro fue más bien ridícula: arguyó que el narcotraficante solicitó el servicio de la confesión. Después del crimen que tuvo lugar en el aeropuerto de Guadalajara, los asesinos viajaron tranquilamente durante más de dos horas en un vuelo comercial hasta la ciudad de Tijuana, sin que nadie los molestara. Como para Ripley.

Con estas evidencias difícilmente se puede dudar de los intereses oscuros que mueven estas redes de religiosos que jalan millones de dólares de todo el mundo, posiblemente al amparo de algún poder que recuerda la “cosa nostra”, el cual quita enemigos y obstáculos del camino, como el malogrado cardenal y el candidato Luis Donaldo Colosio, junto con el diputado Ruiz Macieu, quienes de acuerdo a algunas opiniones que se dejaron escuchar en aquel momento, analizaban la posibilidad de revertir estos efectos modificando las reglas del juego. Es algo irracional que las naciones golpeadas durante siglos por la pobreza, la injusticia y las desigualdades, alimenten los excesos de este imperio. Es posible suponer que por pensar así, les haya costado la vida en condiciones altamente extrañas, a los políticos mexicanos, al Cardenal, y otros que trataron de desentrañar los móviles de estas muertes.

El papa sin duda vendrá a dar apoyo explícito al partido identificado con la iglesia, para que tenga ventaja en el presente proceso electoral. Así cuida los intereses millonarios de su organización, ocupando este empobrecido país el noveno lugar en cuánto aportaciones al Vaticano.

Este modelo ya debe cambiar, sin embargo la tarea se vuelve cada día más difícil porque los principales medios también se suman en esta cruzada en favor de la ignorancia y la ceguera del pueblo, siguiendo la lógica de que dominando las conciencias se exprime más fácilmente el bolsillo.

Dos amos o nanas, las cuales junto con el monopolio televisivo llevan de la mano al país, a través de espinas y barrancos. Pobre México, con estos tutelajes infernales que lo mantienen en la miseria moral y material.

martes, 13 de marzo de 2012

Una jornada de violencia en sincronía azota Guadalajara.


Aún sin que alguna fuente pudiera informar sobre quienes perpetraron ese día los incendios de unidades de transporte de pasajeros y con qué fin, en las redes sociales se hablaba de narcobloqueos. Las autoridades y los medios de comunicación repetían que se trató de un “operativo”, expresión utilizada cuando las fuerzas armadas llevan a cabo ciertas “misiones”.

Los datos que circularon en los primeros minutos en que se daba a conocer la noticia mencionaron enfrentamientos entre efectivos del ejército y supuestos delincuentes. Había al menos una persona muerta que yacía en la calle junto a un minibús incendiado. Después se confirmó que se trataba del cuerpo de la persona que prendió fuego al vehículo después de rociarlo con gasolina: accidentalmente se impregnó y quemó también. Había columnas de humo en varios lugares que, incluso, ocasionaron el paro del servicio del Tren Ligero por falta de visibilidad.

Se escucharon sirenas durante toda esa tarde. Varios helicópteros militares y de la policía federal sobrevolaron la ciudad. Todo esto se desencadenó durante las últimas horas del dos de marzo en la capital de Jalisco y en otras poblaciones del estado, sin que las autoridades hayan pronunciado ese día algo al respecto, únicamente el gobernador declaró que todos los cuerpos de seguridad trabajaron en la reacción ante dicho operativo; el mensaje fue difundido por algunos medios. Silencio gubernamental y ruido mediático a través de los noticieros y las redes sociales. Más tarde, hacia las quince horas aproximadamente, ya circulaba por Internet la noticia de la detención de Erick Valencia, sucesor de Nacho Coronel, apodado el 85, según la misma nota. Entonces se suponía que los ataques a los vehículos con gasolina que fue inflamada para formar literalmente cortinas de humo y con ello causar mayor caos citadino, eran una respuesta por la captura del capo y sus cómplices.

Hace unos meses aconteció algo semejante, aunque con menor intensidad, según lo que puede apreciarse en el espacio virtual donde circula la mejor información. En aquella ocasión hubo mensajes en contra de las autoridades, después de que incendiaron un camión urbano, de acuerdo a lo publicado por la prensa en su momento. El Estado mexicano anda en zozobra, no ha sido capaz de poner control a la escalada de violencia que cada día nos muestra en forma siniestra su alcance.

También hace días salió a la opinión pública la noticia sobre el secuestro y asesinato de tres choferes del transporte urbano de pasajeros, en distintos escenarios, se rumoraba de venganzas por la participación de choferes en accidentes viales que costaron la vida a personas. Una extraña forma de ajuste de cuentas popular, según este rumor. ¿Hay alguna relación entre estos crímenes de operarios y lo sucedido el pasado dos de marzo?

Las preguntas se amontonan sin ninguna respuesta, hasta este momento. Se ignora si los incendios sincronizados de vehículos y la fuga de los que lo ocasionaron por medio de autos que robaron en el lugar, fue orquestada por un cartel a través de una célula delincuencial o qué origen pudiera tener esa oleada que mantuvo a la población dentro de sus casas, por recomendaciones que se hacía entre sí la gente. ¿Tiene esto alguna liga con la fuga de reos en Apodaca? ¿Son ellos los que vinieron a pagar por su salida?

El miedo se instaló con su carga de incertidumbre, hay desmoralización por la forma como ha sido conducido el país, que no tan sólo ha conseguido más pobres y angustiados por lo económico, sino que también se teme por la propia seguridad e integridad física de los ciudadanos. Como si fuera un guerra, decían quienes pude escuchar cuando salí a observar un poco más de cerca los acontecimientos. Había escaso tráfico en algunas partes en tanto que en otras, estaba totalmente paralizado; por doquier embotellamientos a causa de los bloqueos de las avenidas. Se veía mucha gente en las esquinas, esperando inútilmente un transporte, las rutas fueron suspendidas y los autobuses guardados. Miles quedaron varados durante horas y, algo extraño: se interrumpió el servicio de los celulares desde el momento de los enfrentamientos ¿Lo ordenó el gobierno para interrumpir la comunicación entre los sujetos perseguidos? Se siente una rara impotencia cuando se suspenden estos sistemas que ya nos tienen tan acostumbrados a su uso a diario.

Los locutores de radio y periodistas daban cuenta de lo que les llegaba de información y todo giraba sobre lo mismo, sin profundizar un poco más, como para provocar reflexiones y con ello tener un mapa más completo de lo que acontece, en términos de lo que el Estado tiene de participación o culpabilidad debido a los elevados índices de corrupción que descompusieron la estructura desde hace tiempo. Tampoco nadie hasta ahora ha relacionado lo ocurrido hoy con el interés que tiene Estados Unidos en el fracaso gubernamental mexicano para enfrentar la crisis y con ello allanarse el camino para abrir paso a la intervención militar, (la política ya la realizaron desde hace décadas) tienen intenciones de instalar bases militares en la región, de acuerdo al discurso de los demócratas y de los republicanos. ¿Es una soterrada anexión militar a partir de generar la clase de violencia que observamos, para enseguida venir a sofocarla y cobrar por los servicios? ¿Es el comienzo de algo peor?

viernes, 17 de febrero de 2012

De la chingada a la Chingada

Una de las características que tan nítidamente distinguen al mexicano consiste en que se tiene a la expresión verbal la chingada como uno de los ejes vertebrales del orden común de sentido en el habla popular. El inolvidable Octavio Paz le dedicó fabulosas páginas en su Laberinto de la Soledad, quizá igualmente admirado de los múltiples usos y significados. Tal vez ninguna otra sociedad incluye en su lenguaje una palabra tan versátil, que se utiliza indistintamente como verbo o sustantivo, para halagar o insultar, según sea el caso. Igualmente se puede pronunciar para festejar, o también en tono derrotista, como lo hizo López Obrador en una reunión “privada” con empresarios, donde algún listo se puso a grabar y enseguida generó la nota del día al divulgar lo grabado:
“Tengo menos vigor, eso sí. Porque ya estoy muy cansado. ¿Te acuerdas en tu casa que te dije que si la elección era limpia y libre, si perdía, me iba yo a ir a La Chingada? ¿Te acuerdas? Y ahora sí. Es que yo tengo una quinta que me dejaron mis padres”.
El buen humor en que se mantiene Andrés Manuel López Obrador ya lo quisiera otro que no tuviera los arrestos que se requieren para ir siempre contra la corriente, que no es otra cosa que una sociedad apropiada de imaginarios envilecidos como eso de creerse que Hugo Chávez estaba detrás de la campaña de AMLO, o que en realidad su figura o posible gobierno representa un peligro para México, sin ninguna reflexión de por medio. O tan siquiera permitirse observar críticamente algo de lo que hurtan o destruyen los que según eso gobiernan.
Lo que verdaderamente ha sido y es, un peligro para éstas y las futuras generaciones, se encuentra en el torbellino de opinión desinformada que provoca la gente que se deja llevar por la marea que generan en el imaginario social los medios de comunicación, que son totalmente elitistas y poderosos a expensas de lo que han exprimido al Estado. (a través de pagos publicitarios, concesiones y todo tipo de privilegios conseguidos con argucias legaloides que les confieren a precio de ganga la explotación del espacio radioeléctrico y la fibra óptica, que supuestamente es propiedad de la nación) Padecemos una mediocracia sin contrapesos, como la definió Trejo Delarbre.
Es políticamente nociva la clase de personas que se comportan como rebaño a la hora de hacer sus juicios, si es que los llegan a hacer, sobre el estado que guarda la economía doméstica o los salarios. Vaya, la mayoría ni siquiera conocen y mucho menos exigen el respeto de sus derechos como individuos. Se trata de una sociedad esquiva ante su realidad, que fácilmente se entrega a lo que le divierte o “distrae”. Su naturaleza es dispersa, tiende a escaparse en cada oportunidad; por el aire, por la carretera, por la pantalla de la televisión, o en muchos casos, millones todos los días, a través del alcohol y el ruido ensordecedor de las bocinas a su máximo volumen. ¿Esos por quien van a votar cuando se llevan a cabo elecciones?: Seguramente por aquellos que les señale la tele o el cura, a la hora de la homilía. Por lo que oyen decir en las tertulias, por los colores que indica la tradición de la familia. Esos, se dejaron contagiar del veneno inoculado en los imaginarios de una sociedad acrítica, pasiva, que vive apoltronada en sus prejuicios, al tiempo que convierte a sus integrantes en víctimas de un Estado socavado por el peso de su propia descomposición.
En una sociedad caracterizada por estos niveles de apropiación de ideas que flotan en el ambiente imaginario, un luchador social que elige el camino de la política para la transformación del país, que se manifieste transparente, honesto, humilde, objetivo, etcétera, es más bien autodestructivo, está casi condenado al fracaso. Los tiempos canallas exigen mentiras, montajes, simulación, circo y espectáculo, como tan bien lo hacen los clichés de comunicación política utilizados por los partidos.
Este candidato desistió de ponerse en las manos de los expertos en imagen, los que pueden hacer historietas de veinte segundos para vender un producto. En cierta forma lo hizo, pero lo hizo mal o sus asesores no entienden a fondo de este tema. Algo hubo siempre en la relación de López Obrador con los medios y no fue manejado desde el principio o quizá se manejó con tanta trasparencia que hasta rayó en candidez. El caso es que los medios en cada oportunidad destrozaron la imagen del Peje.
“Por el bien de todos primero los pobres”, es una estupenda idea que denota un auténtico compromiso social congruente con una visión de Estado, sin embargo es una pésima ocurrencia el utilizarlo como slogan de campaña, ya que las distintas apropiaciones de ese discurso le dieron variables que fueron totalmente contraproducentes. Algunos imaginaron la pérdida de sus bienes, en tanto que otros pensaron en que se gobernaría con la impronta que han dejado los estados socialistas o comunistas. Por supuesto que un cincuenta por ciento o más, de los habitantes de este país que son lo que se encuentran sumidos en la pobreza requieren de medidas tajantes, sin miramientos, pero esto no se utiliza como posicionamiento de marca o branding, para decirlo en términos de mercadotecnia. Tampoco esperemos que Andrés Manuel se hubiera prestado a ese artífico que pueden lograr los medios, a base de representar conceptos superficiales o banales, la frivolidad que impregna las campañas ordinarias. Una amplia sonrisa y palabrería hueca, que no dice nada pero impacta a la gente que quiere escuchar cantos de sirenas o admirar copetes.
Más, sin embargo, eso mismo se volvió en su contra y ahora amenaza con dejarlo en tercera posición en la futura contienda. ¿Quién le aconsejó que no asistiera a aquél debate tan mentado durante la campaña de 2006, y en cambio lo mandó a postrarse ante Televisa en horario estelar a finales del 2011? ¿No era la negación de acudir a ese estudio la forma de dar un golpe de audacia contundente, que ahora lo tuviera en los primeros planos de la opinión pública, no tan sólo nacional sino internacional? ¿No valoraron sus asesores de comunicación política que ese era el As bajo la manga? Televisa es el mismo enemigo antes y después, ¿Quién lo duda? ¿No hubiera sido mejor un poquito de simulación y de política mediática, una estrategia a la medida de esas muchedumbres adoradoras del espectáculo, para estar en la primera posición? Yo opino que si, con tal de no irnos todos a la chingada, pero no a la quinta de Campeche, sino a la chingada en serio, lo que significa seguir igual.

jueves, 26 de enero de 2012

Del fraude electoral de 2012 en México, a las amenazas sociales por el incremento de la delincuencia

A este que ha sido uno de los sexenios más fatídicos e infortunados de la historia de México, le falta todo un año por concluir.
Sirva como ejemplo para otros países de lo que puede suceder si la gente que vota y aquella otra que se abstiene, permite que las elecciones deriven en un fraude, como sucedió en este país latinoamericano cuando se robaron la elección presidencial en 2006.
Felipe Calderón, teniendo como cómplices a varios empresarios: banqueros, propietarios de medios de comunicación, entre otros rubros, así como ex presidentes y figuras del clero católico, se ungió como primer mandatario acudiendo al recinto a recibir la simbólica banda presidencial por la puerta trasera, custodiado o blindado por policías, en medio de una protesta ciudadana que cobró la magnitud de sucesivas concentraciones multitudinarias en la ciudad de México y en otras capitales del país, como jamás se vio antes en la historia de la etapa pos revolucionaria. ¿Qué sucedió después? Lo que hemos visto: un desquiciamiento institucional y social, donde se fraguó este clima de pobreza e inseguridad que empeora día con día.
Robarse una elección se paga caro y la peor parte la lleva el pueblo, como siempre sucede. Haber permitido que llegaran a los máximos cargos del gobierno, individuos cuyos compromisos e intereses se orientan en la búsqueda del dinero, exclusivamente a base de estar cerca del poder necesario para obtenerlo de manera fácil y con toda impunidad, ha llevado a la sociedad completa a un estado de caos que ya se nombra Estado fallido.
Quienes tienen como única expectativa amasar fortunas, sin ver más allá, fácilmente se comprometen con intereses oscuros con tal de lograr sus fines. No hay moral que valga, ni algo parecido a escrúpulos, a la hora en que políticos, empresarios, narcotraficantes, especuladores, lavadores de capitales y delincuentes de toda laya, se reúnen a negociar. Todos se ponen en el mismo nivel. El modelo económico orilla a los sujetos a rebajarse hasta los más ínfimos niveles de la condición humana; se vuelven esclavos de las dinámicas del mercado, donde también se ofertan los sentimientos que ha logrado concebir la humanidad.
El amor filial, la lealtad, la honestidad, los lazos fraternos, la amistad, la solidaridad, la fidelidad, entre otros valores, son parte de la mercancía que el mundo tasa para que se vuelvan comercializables. El capital no tiene ojos ni sensibilidad ante nada que no sea negocio, tampoco patria, ni reconoce los límites de la intimidad o la dignidad a la que todo ser humano tiene derecho. Vale el que tiene y punto.
Sobre esa escoria se cimentan las instituciones en los gobiernos y las sociedades contemporáneas, incluída la iglesia dominante, como sucede en México y por ello sucumbe ante su propia descomposición.
La película que nos pasan de una pseudo persecución de hampones no muestra la totalidad del guión, que a cualquier costo tratan de ocultar y es donde tiene lugar el rol que desempeñan los banqueros y gente de negocios, además de funcionarios, políticos, militares o policías. Son verdaderos contingentes que forman quienes interactúan con estas actividades y jamás son nombrados de manera explícita o directa. Lo que se conoce como narcotráfico no pudiera ser posible sin ser acompañado de apoyos de toda clase, brindados por cuerpos policiacos, militares, políticos, funcionarios, banqueros, empresarios, tecnólogos, etcétera. Hasta los propios medios de comunicación son parte de la élite beneficiada con todo lo que sucede.

Las listas de nombres y apodos que publican los medios corresponden exclusivamente a gente que pertenece a uno solo de los múltiples niveles en que se desenvuelven estos negocios. Éstos ponen el físico y el de sus propias familias, en cambio, el resto de la cadena vive tranquilamente aumentando su patrimonio. El día en que los sicarios se unan y rebelen contra sus amos, las cosas se van a poner mucho más difíciles, aunque para ello tendrían que derrotar ejércitos completos. Es imperativo revertir los efectos malignos de la corrupción, como lo es el crimen organizado.
El primer paso que debiera emprender el Estado es recuperar su fuerza, es decir, nacionalizar bienes estratégicos como transportes, comunicaciones, banca, recursos naturales, entre otros. Enseguida ha de cambiar el modelo económico para volver a la productividad interna, fomentando nuevamente el desarrollo del campo facilitado a través de financiamiento otorgado por una banca nacional, que además brinde asistencia técnica, como sucedía en el pasado.
Es evidente que el neoliberalismo mal planificado y peor aplicado, fue devastador para la economía de millones de familias. Urge un freno y cambio de rumbo, recuperando lo que funcionaba adecuadamente antes de que los presidentes se convirtieran en martilleros y comisionistas de los remates de los bienes públicos nacionales y no sirvieran para otra cosa que seguir con una alta dieta del presupuesto hasta el final de sus días.
Urge un plan nacional de gran aliento, para rescatar la educación, terminar con el parasitario sindicato que la asfixia, así como crear un modelo distinto, que incluya alimentación para el alumnado de las escuelas públicas en los niveles primario y secundario, como lo hacen en Argentina y otros países del mundo. Al menos duplicar el presupuesto en este rubro es un requisito que no se puede pasar por alto si se pretende realmente un rescate de México.
Modificar las relaciones exteriores, regresando a la Doctrina Estrada, donde se prima el respeto a la soberanía de los pueblos y a su dignidad, así mismo, establecer otra clase de relaciones con EU, para contra restar el tutelaje vergonzante a que ha llegado dicha relación, que se ha vuelto además peligrosa por los grados de corrupción que existen entre los cuerpos policiacos, militares, aduanales y políticos, de ambas naciones. El paso descomunal de armas hacia México, sin que poder alguno lo contenga, es una prueba irrefutable de este fenómeno. O recuperamos en el corto plazo soberanía política o nos veremos envueltos en una escalada de violencia multiplicada exponencialmente.
Por su parte, los ciudadanos adeudan su auténtica participación en los procesos políticos. La indiferencia ciudadana ante el acontecer cotidiano, se suma a la lista de flagelos que padecen nuestras sociedades contemporáneas. Seducidos o enajenados por los medios de comunicación y doblegados por una vida de consumismo en que la única divisa, el único valor, es el dinero y lo que con éste se puede conseguir, se producen a sí mismos grandes vacíos existenciales, que hacen aún más difícil el insoportable caos en que se ha convertido la vida en este país subdesarrollado.
Los productos de valor asociados a la cultura y el crecimiento interior de los sujetos, lo que se define como desarrollo intelectual y espiritual, quedan, en el mejor de los casos, en segundo término. No tienen el significado que se les da en otras latitudes. La nuestra es una sociedad de bajos niveles culturales y educativos por decisión propia.
De no cambiar estas dinámicas, el país seguirá evolucionando hacia la descomposición en todos los órdenes. 2012 es la última oportunidad quizá, para cambiar.

martes, 10 de enero de 2012

Requiem por un narcoestado convulso


Desde los primeros minutos del día 25 de noviembre de 2011, la noticia que dieron los medios de comunicación puso a todo mundo a comentar de lo acaecido en una zona residencial ubicada en el sur poniente de la ciudad de Guadalajara.

En el lugar donde confluyen dos importante ejes viales, justo a unos metros de los Arcos del Milenio (Avenidas Lázaro Cárdenas y Mariano Otero, en la colonia Jardines del Bosque) fueron abandonados tres vehículos repletos de cuerpos. Veintiséis individuos masculinos amordazados y acribillados, como parte de una realidad que se ha vuelto cotidiana, al punto en que ya forma parte de lo habitual. Asombra el no asombro que cubre el ensimismamiento de la gente que lo platica en el café, o con los compañeros de la oficina, porque ya son cinco años de lo mismo: un régimen que decidió utilizar las fuerzas armadas para perseguir bandas de criminales que tienen el narcotráfico, la extorsión y el secuestro, como sus principales actividades, entre otras más, que golpean prácticamente todos los sectores de la sociedad. Sus ilícitos y atrocidades van del tráfico de órganos, al robo de automóviles y la trata de blancas, entre otras. Sin embargo, la captura de algunos cabecillas de dichos cárteles o grupos, al igual que las constantes detenciones en serie, junto con los abatimientos de sicarios bajo el fuego de las fuerzas que el Estado dispone con ese fin, no merman la capacidad reproductiva de los focos delincuenciales. Por el contrario, éstos proliferan y llevan a cabo montajes sangrientos en cualquier parte del país. Y lo peor: muchos de estos delitos se basan en el apoyo que les venden quienes operan para estas organizaciones desde las propias instituciones.

En los imaginarios que tenían eco en los medios de comunicación, cuando el fenómeno de la violencia asociada a las bandas delincuenciales trascendía a la vida nacional en los primeros planos de la agenda setting, la capital de Jalisco se consideraba como territorio pactado con la finalidad de que los familiares de los principales capos hicieran “vida en sociedad”, por lo que sus hijos asistían y asisten a las universidades privadas y se codean con sus pares, generalmente de familias prominentes y frecuentan los lugares de moda donde se divierten los jóvenes. Sin embargo, varios acontecimientos de los años recientes echan por debajo tales argumentos. Hace aproximadamente una década tuvo lugar la explosión de una bomba a las afueras del hotel Camino Real, donde se llevaba a cabo una fiesta de una de estas familias. Salieron a relucir nombres, tanto de personas identificadas con estas actividades, como los hermanos Amescua, al igual que funcionarios del gobierno estatal y jefes policiacos. La marea de sangre siguió creciendo, hasta llegar el período Calderón, donde las cosas se salieron de toda proporción y explicación, a menos que busquemos otra clase de pistas en distinto lugar.

Más allá de hacer conjeturas sobre las razones que motivan a quienes llevan a cabo la depravada y siniestra encomienda de atormentar seres humanos, hasta privarlos de la existencia, en las formas más crueles posibles, quizá contribuya, al menos para una comprensión de lo que sucede en los trasfondos de tan fatal fenómeno social, tomar en consideración algunos datos de la realidad que pueden explicar algo que parece tan absurdo y fuera de todo parámetro de raciocinio. Sin embargo, como señalan algunos expertos en el tema, la racionalidad del crimen organizado tiene de todo menos de absurdo; sus objetivos son claros, específicos, se toman las cosas demasiado en serio y actúan con un orden pasmoso. En eso estriba el verdadero peligro. Pero en todo esto hay algo más que no nos es permitido ver en los entretelones de los escenarios más o menos conocidos, donde se cierra el círculo de narcotráfico, una vez que se engarzan los eslabones del negocio; desde la producción de estupefacientes en los parajes boscosos, hasta los laboratorios y el narcomenudeo de las ciudades: lo que al parecer es una despiadada guerra entre grupos que constantemente reemplazan sus cuadros o se dividen en otras células, tiene más visos de una guerra de baja intensidad, con propósitos de exterminio sistemático y aleatorio en núcleos específicos que han sido ubicados y observados. Verdaderos reservorios delincuenciales que surten las filas de los llamados cárteles, incluso con sujetos menores de edad, casi adolescentes.

De acuerdo con esta lógica el Estado mexicano estaría asido a una medida impuesta desde algunos lobbies, como lo es el despacho de Hilari Clinton, entre otros círculos cercanos a Wawshington y el Pentágono. El Plan Mérida lo corrobora.

La sociedad, el sistema está agudamente descompuesto, existe un derrumbe institucional que nos lleva a la parálisis y la ingobernabilidad, bajo la amenaza de ejércitos de asesinos que se autodefinen con nombres disímbolos como La Familia, Nuevo Milenio, Zetas, La línea, etcétera. Ya casi ninguna ciudad del país quedó a salvo de las redes del crimen y de sus vínculos proteccionistas amparados en el propio gobierno. Hace una semana un conocido me narró que en un retén de la Policía Federal instalado en la carretera de Chapala, por cierto un día en que hubo una balacera en ese poblado, él iba sólo cuando le marcaron el alto. Al revisar la cajuela, los policías hicieron la maniobra de depositar un envoltorio con cocaína, por lo que de inmediato comenzó una extorción. Los ladrones uniformados, una vez atemorizada su víctima, le vaciaron la billetera con su sueldo completo. Esta es la policía en México, tanto a niveles estatales como en el ámbito federal: una policía conformada por delincuentes que igualmente sirven de informantes de los grupos y se dividen ganancias. Por eso tenemos estos niveles de descomposición, porque hasta el mismo ejército fue permeado por el narcotráfico hace años en este país. Es imposible que los ciudadanos confíen en esta clase de instituciones que presentan un total deterioro.

En México existen 450 cárceles que albergan a 190.000 reclusos, la mayoría de los cuales viven hacinados. Además existen tres establecimientos de máxima seguridad, donde hay otros 1.500. Estas cifras corresponden al año 2005, por lo que la cifra de presos tal vez supere los doscientos mil. Si la mitad de ellos es realmente peligrosa para la población, entonces tenemos aproximadamente cien mil individuos que observan conductas antisociales, consideradas como amenazas para la sociedad.

Pero ¿cuántos cárteles hay y dónde están? La respuesta varía según la fuente. La Procuraduría General de la República: el narcotráfico está en manos de dos grandes grupos, dirigidos por Joaquín Guzmán y Osiel Cárdenas. La Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA): hay 30 organizaciones mexicanas a cargo del narcotráfico. La Sub-Procuraduría de Investigación Especializada contra la Delincuencia Organizada de México (SIEDO): existen más de 130 células de delincuencia organizada. Juan Carlos Sánchez-Caballero La Crónica

Se estima en seiscientos mil el número de efectivos que están de alguna forma vinculados con organizaciones delictivas. Aunado a este número debemos señalar una cifra hipotética de individuos potencialmente peligrosos, dado el contexto antisocial en que se desenvuelven y que en cada población asechan prestos a cometer delitos o incorporase en la nómina de cualquiera de los grupos que se reproducen en el país. Inclusive los rituales de iniciación consisten en asesinar a mansalva víctimas elegidas al azar.

Esto hace pensar en el biopoder, como concepto en el que unos se apropian el derecho de vetar a otros la existencia, en las fuerzas del Estado, como otro cártel superior que pacta con sus pares el montaje sincronizado, que es tan efectivo como una guerra en términos de ganancias financieras y de paso se cumple la “sagrada misión” de expulsar de este mundo a los indeseables.

Las poblaciones penitenciarias, verdaderos centros del delito, rebasan dos y hasta tres veces la capacidad de los inmuebles, por lo que los hacinamientos dan lugar a todo tipo de secuelas criminales. Se requerirían dos o tres veces el número de centros de dizque readaptación social, para contener a quienes purgan condenas. Y, se requiere la construcción inmediata de otras mil doscientas, para medio contener al resto de sujetos potencialmente criminales que pululan en nuestras calles amenazando con asfixiar al resto de la sociedad. Esto sin contar una transformación radical de los aparatos de justicia, que son parte del problema y no de la solución.

Al Estado le cuestan miles de millones anuales, que pagamos todos por cierto, sostener a los doscientos mil reos que en su mayoría al obtener su libertad reinciden en la comisión de delitos. Muchos de ellos además dirigen las operaciones delincuenciales que asolan a tantos y todavía se necesitan mucho más cárceles. Son superiores los delincuentes en un mil por ciento a las fuerzas policiales y militares juntas. Es más redituable entonces provocar que se maten y eso es lo que están haciendo. Además EU mantiene así activo su eterno negocio. Ahora, vemos un guerra distinta en la que varios grupos se destrozan constantemente, sin bandera, sin nacionalismos, sin cuartel y sin tregua.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Se canjean cargos y comisiones en el Congreso de la Unión, para favorecer al Clero católico, modificando una vez más la Constitución.

¿Qué ha dado la Iglesia Católica a las sociedades mexicanas en términos de lo que profesa y se supone es su razón de ser: amor, justicia, caridad? ¿Es más justa, solidaria y bondadosa la gente en México por la presencia de miles de templos, conventos, seminarios, etcétera? ¿Por qué entonces este país es uno de los más violentos e inseguros del mundo? ¿Qué hacen los religiosos además de administrar los colegios y universidades más costosos?¿Cuánto dinero manda el clero al Vaticano, producto de todo ello y de lo que regalan los fieles como limosnas, donaciones, herencias, etcétera?¿Por qué esta iglesia se ha mostrado tan interesada en política, al grado de presionar para que el Congreso apruebe en su favor la modificación del Artículo 24, que dejaba claramente expreso lo referente a la libertad de culto en los lugares propios para ello, en ningún sentido en ámbitos públicos? La causa legislativa abre la puerta a que nuevamente se tengan enfrentamientos de carácter ideológico y religioso, que en nada sirven a una sociedad y en cambio cuestan luto, dolor, sangre, vidas humanas que se desperdician inútilmente. Esto ya había quedado franqueado en el siglo XIX, y los políticos que padecemos en esa institución que por momentos parece un mercado callejero, con la diferencia de que en su mayoría los que se dan cita en ese lugar cobran como si de verdad le hicieran un bien a la nación, provocan un retroceso histórico cuyas consecuencias serán lamentables, al tiempo.
La intolerante institución clerical inmediatamente se manifestó a través de sus voceros, que no titubean para llamar a quienes no estén de acuerdo con esta medida; ignorantes, anticlericales, chauvinistas. ¿Será posible que llegara a cambiar la perspectiva y la mente de quienes orientan esta feligresía? ¿Por qué predican con estos ejemplos de evidente agresión verbal, de tal violencia simbólica? De la misma manera que ellos en su culto utilizan símbolos, todos muy respetables, igualmente simbólicas son para los mexicanos las Leyes de Reforma, cuyo espíritu descansa en ese respeto, en el trato equitativo por parte del Estado y entre ciudadanos, a todos los cultos y a quienes llevan a cabo su vida por fuera de ellos. Que cada quien lo practique libremente en los lugares adecuados que cubren esa función. ¿Por qué salirse de la norma y la tradición, que también es respetable, modificando la ley?
A través de los boletines de prensa vemos que los líderes y la misma grey, se muestran agresivos con el verbo, como alguna vez lo fueron los instrumentos de tortura o las armas, según lo que muestra la historia. Muy su forma de pensar y su culto, sin embargo, es imperativo, como lo es el derecho a la vida, que comprendan que existen igualmente segmentos de la sociedad conformados por individuos, personas que no profesan ninguna fe y por igual son dignos. Se trata de ciudadanos que como tales merecen respeto, lo mismo que aquellos otros que practican distintas religiones, sean o no de Occidente.
El Estado laico protegía a todos; creyentes o no. Es el laicismo la única fórmula social de convivencia que garantiza las libertades de culto y creencias, sin menoscabo de que unos traten de imponer sobre otros sus propias visiones. Esto es lo que acaban de agredir los diputados, que por cierto, siempre eligen diciembre para aprobar los acuerdos que más daño le causan al país, abren las puertas nuevamente a que se imponga un culto y todo lo que representa, sobre el resto de la sociedad: Independientemente de que sea mayoritario en cuanto al número que representa la feligresía. Además, el estatus de ignorancia en el que se mantiene sumergida la mayor parte de la gente de este país, será como un pasto seco que puede arder a la menor provocación. Un mínimo de sentido común nos señala cuan peligrosas pueden ser las ideas, cuando no hay suficiente capacidad de análisis u otras facultades propias de un pensamiento formado en valores, como el respeto a la pluralidad de creencias, a las diferencias ideológicas, étnicas, o las distintas opciones sexuales. En un país cuya cultura ha permanecido anclada en los cultos católicos que son en ocasiones sincréticos, debido a las prácticas prehispánicas entreveradas, dar esta clase de libertades significaría ahondar diferencias con quienes piensan y se comportan distinto. Ya leemos en las expresiones de los medios de comunicación de la Iglesia, en qué términos se refieren a los que no son de la misma forma de pensar o proceder. Eso son precisamente los fundamentalismos, los que tantos esfuerzos y sacrificios ha significado para los pueblos liberárselos.
Los otros, quienes prefieren destacar en la vida por medio del estudio o del trabajo, sin que necesariamente su conciencia pase por someterse o adoptar una creencia en cuestiones de índole extra terrenal o espiritual, pueden verse amenazados o inclusive agredidos por turbas de fanáticos, como ha sucedido en este país, incluso en años recientes. Un buen ciudadano puede desenvolverse como persona digna, que merece respeto, sin que tenga que declararse creyente en algo. Y esto lo deben comprender muy bien los católicos, los políticos, la gente toda y sobre todo respetarlo.
No va a ser bien visto por muchos que los cultos se den en los parques, que lleguen a cerrarse calles o hasta carreteras, para llevar a cabo procesiones y todo eso que acompañado de cohetería, suelen hacer los representantes de la iglesia junto con sus fieles seguidores. En algunos casos pueden tomarse como provocaciones o llevar a la gente a enfrentamientos, inclusive hasta por cuestiones de índole vial o por el derecho al descanso que tiene toda persona. El país requiere de alguien que le garantice la paz, estabilidad, concordia, mirar al futuro y tratar de alcanzarlo, en lugar de generar tensiones o retrocesos políticos.
Es imperativo corregir esta enorme falta de los diputados y de quienes participaron con esta confabulación, para evitar más descontrol y derramamiento de sangre. Hagámoslo por el bien de las generaciones venideras.

martes, 13 de diciembre de 2011

AMLO, los medios y el otro peligro para México.


Desde que comenzó a destacar en actividades de carácter político, Andrés Manuel López Obrador ha tenido una relación peculiar con los medios de comunicación. Conocedor del poder que éstos representan, se le adjudica la autoría, hace años, de una campaña de la PROFECO en la cual se invitaba a llamar a determinado número telefónico para hacer denuncias de abusos al consumidor. Desconozco la veracidad del dato, sin embargo, me parece que AMLO efectivamente es una persona que sabe comunicar las ideas; simplemente habla con conocimiento de causa sobre los distintos temas que se presentan a su paso. Lo hace de una manera clara, sustentando sus palabras con estadísticas u otros indicadores, aunque en ocasiones le gana su lado sentimental y trasluce con facilidad el estado de ánimo que denota un dejo pesimista. Aunque no duda en la posibilidad del triunfo por parte de su agrupación política.

Cuando fungió como Jefe del Gobierno del DF, marcó la agenda nacional con sus conocidas reuniones citando representantes de los medios, en su casa y a las seis de la mañana. El efecto mediático de esta estrategia fue contundente, se le posicionó como uno de los posibles candidatos a contender por la presidencia de la República, lo cual tuvo lugar meses después con un amplio margen de preferencias, según las encuestas que se realizaron por aquellas fechas cercanas a julio de 2006.

Enseguida vendría una serie de acontecimientos ampliamente conocidos y difundidos por diferentes medios no cooptados por las élites políticas dominantes, ni tampoco aliados de ellas. Lo que más destaca de estos hechos es la llamada “guerra sucia” mediática, donde se le acusó de ser “un peligro para México”. Varios empresarios unieron sus capitales para financiar dicha campaña que se transmitió principalmente por Televisa, además de las principales cadenas de medios que a nivel nacional se unieron en contra de este candidato y de quienes le apoyaron. Lo mismo hicieron empresarios como uno de apellido Coppel del estado de Sinaloa, quien incluso llegó a amenazar a los empleados para que negaran el voto a AMLO.

A estas calamitosas andanadas de falsedades, se sumaron los curatos y finalmente se dio una de las páginas más vergonzantes en la historia de nuestra incipiente democracia, al grado de que la confianza en las instituciones que se relacionan con actividades electorales, como el IFE el TRIFE, quedó en entredicho. No se diga los propios partidos, que no han dejado de verse envueltos en conflictos escandalosos desde que asumió Felipe Calderón, con muy poca legitimidad.

Ha sido un sexenio brutalmente trazado. Un periodo de tragedias continuas, con y sin premeditación. Cinco años sangrientos que hacen pensar y presentir lo peor. El peligro es que transmute este derrotero en otra persona del mismo partido o a través del inflado Peña Nieto. El peligro es que el equipo de comunicación de Andrés Manuel continúe cometiendo lo que desde mi humilde punto de vista son errores que cuestan caro, como el haber faltado a aquel primer debate televisado y años después aceptar la invitación de Televisa, donde se prestó a legitimar al medio que se ha dedicado por más de cinco años a deslegitimar, a él y a su movimiento.

Si se hubiera negado categóricamente, el impacto mediático sería totalmente favorable para la causa. No lo vieron así los asesores, ignoro quienes sean, pero ya llevan varios desaciertos graves. Yo fui colaborador free lance durante unos seis años en esta empresa y conozco algo de sus resquicios. Sé de sus lógicas, sus intereses inmediatos y de largo aliento. Coordiné un programa que en principio era debate público y también fui reportero asignado a fuentes que son materia de Estado, como la investigación de casos de narcotráfico, de lo cual hablaré cuando lo considere oportuno. Conozco a Televisa por dentro.

Una negativa oportuna de AMLO hubiera generado conflicto al interior de la televisora y al haber cambiado las reglas del juego, con respecto a lo acontecido en 2006, ahora los dados habrían caído a favor del Morena, pero dejaron ir la ocasión. La credibilidad de Televisa recibe en estos momentos crítica de diversos frentes. Después de lo acontecido con Peña Nieto en la Fil, AMLO estaría en primer lugar en las encuestas, sin embargo, fue sumiso a Televisa.

Tengo información de que gente de su círculo cercano estuvo de acuerdo con su visita al noticiario de López Dóriga. Vi la entrevista y estoy en desacuerdo con esta gente. Al principio se mostró un tanto desubicado, hizo críticas a la casa anfitriona en un soliloquio un tanto desesperante, por el tono de voz demasiado pausado para el ritmo que demanda la Tv. Así llegó a concluir lo de la fraternidad y el amor, que tanto ha dado pasto a los medios de siempre y a las redes sociales. Según los propios medios, la entrevista le ganó 5 puntos en las preferencias, ¿a poco hubo tiempo de medir y dar tan pronto los resultados? Seguramente lo hacen para que le den más deseos de presentarse en las televisoras. AMLO vende mucho, logra más raiting que cualquiera de los que contienden.

Los que voltean un poco hacia esta opción después de haber elegido al que hundió al país, lo hacen por lo mismo, es una reacción de miedo ante lo que nunca imaginaron que llegaría a suceder. Algunos de sus simpatizantes comentan que se debe a que ya moderó el discurso y hasta se acerca con empresarios a los que antes desdeñó. No lo considero de esta manera. No es por este factor de comunicación que tenga más adeptos, sino por el rotundo fracaso de Felipe Calderón. Televisa estuvo siempre con Calderón aunque ahora ya lo está con Peña Nieto, quien igualmente resbala en el primer escaño. Si no tuvieran al peje de su parte capaz que temblaban, pero el peje es bueno, sus asesores son cándidos y aceptaron con extrema cortesía la invitación de este gran elector.

Es un peligro para México si no cambia de equipo de comunicación o éste no se dedica con más atención a sus tareas. Porque se puede perder de nuevo la presidencia y con ello la corrección del rumbo.